Cómo escuchar el llamado fundamental de las vocaciones

Por María José Iribarne

 

Los llamados y las vocaciones

Las vocaciones son fundamentales porque las preguntas que nos hacemos determinan el curso de nuestras acciones. ¿Cuál es mi propósito de vida? ¿En qué debería estar invirtiendo mi tiempo? Contrariamente a lo que se piensa, los llamados vocacionales no solo deben ser explorados en la adolescencia sino que pueden aparecer durante una crisis a mitad de la vida, o incluso ser preguntas recurrentes a lo largo de la vida. Frente a una crisis mundial, más que nunca nos replantearemos nuestro rol en el mundo y en relación con los demás.

¿Qué es un llamado auténtico? Es un anhelo, un empuje interno, o un imperativo que vive en lo más profundo de nuestro ser, que nos va indicando qué correcciones, o cambios en el curso de acción, debemos hacer en nuestras vidas para estar alineados con nuestro propósito y con nuestras pasiones. Pero hay un factor muy importante a tener en cuenta: por definición un llamado también implica un desafío. Es como si fuese un mensajero que nos llama para pedir un cambio o un despertar en nuestra vida.

Como escribió T.S. Eliot, nuestras vidas se miden en cucharaditas de café, no en grandes cantidades sino en pequeños gestos. Los grandes descubrimientos suelen acontecer después de innumerables pequeños pasos y logros. Tenemos la idea distorsionada de que luego de una sola revelación vocacional todo se desarrollará mágicamente, pero la realidad es más compleja.

Las vocaciones, como expresión de nuestra verdadera naturaleza, aparecen frecuentemente frente a nosotros con pequeños gestos, a través de símbolos sutiles.  Tal vez porque si se nos mostraran de golpe sería como estar mirando el sol sin protección.

Cómo escuchar los llamados para llevar una vida auténtica

La vocación es un tema sagrado que a la vez está rodeado de creencias erróneas. Según Gregg Levoy, autor del libro “Callings: Finding and Following an Authentic Life” los llamados vocacionales surgen todo el tiempo, de diferentes formas, y tal vez hasta hablándonos en distintos idiomas. Insisten hasta que aprendemos a escucharlos. Aunque las vocaciones no nos gritan, nos susurran. Esto quiere decir que ciertos llamados surgen en momentos de mucho silencio, cuando preparamos el terreno para que nuestra alma esté dispuesta a escuchar. Mucho antes de que decidamos actuar sobre certezas.

Levoy explora en detalle las claves para encontrar la vocación y lograr vivir una vida auténtica:

  1. Escuchar los signos que van apareciendo.

Encontrar la claridad es un desafío y hay que entrenar la atención, el estar conscientes, para saber cómo se presentan los llamados. Seguir la guía de nuestros deseos más profundos nos genera fascinación y terror a la vez.  La clave es trabajar la escucha desde un lugar amoroso.  La curiosidad también juega un rol fundamental para encontrar las pistas.

Nuestro inconsciente también contiene claves que aparecen un paso adelante de la razón. Algunas pistas pueden estar en: sueños recurrentes, síntomas muy metafóricos, frases o imágenes que nos impactan de lleno, pistas que nos llegan durante una meditación, o  sincronicidades a las que les atribuimos un sentido especial. A veces es el cuerpo el que nos habla. Hasta un infortunio puede derivar en un disparador que abre las puertas de una vocación.

“¿Qué te enamora?” es la pregunta que hacen las vocaciones.

  1. Recibir y atender los llamados

Al recibir un llamado, cuando ejercemos esa vocación, ¿nos genera más energía o nos drena?  Otra prueba que podemos implementar es saber si sentimos con claridad qué es lo que debemos hacer – más allá de si todo resulta fácil. Es un deber intuitivo – no social ni moral- que nos hace sentir plenamente vivos. Es muy posible que los llamados del alma vengan de la mano de muchísimos desafíos que nos irán probando cuando damos los primeros pasos.

  1. Cómo invocar los llamados

Podemos generar espacios propicios para las vocaciones. El arte, por excelencia, nos alinea con nuestras vocaciones porque abre las dimensiones de la creatividad y de la intuición donde se esconden grandes tesoros. Thomas Merton  ̶  místico, escritor y estudioso de religiones comparadas   ̶  dijo que el arte alinea a nuestro ser con Dios.  Ciertamente, el arte puede ser una experiencia mística. Si queremos ir a lo más atávico respecto de las vocaciones, además, el ser humano como artista antecede al ser humano como trabajador.

Llevar un diario con registros escritos de lo que vamos vivenciando resulta una herramienta irremplazable para reconocer lo que se nos va presentando. Pasar nuestros sentimientos y pensamientos al papel ayuda mucho en el proceso de nuestra propia auto-indagación.

Buscar las semillas de sentido en nuestra vida, las que nos prometen desarrollos auspiciosos, ayuda a encontrar las potencialidades que viven en cada uno de nosotros. Las que, en lo más profundo, queremos ver germinar.

  1. Cuando decir que “sí” o que “no” a los llamados.

La auto-indagación es el corazón del camino espiritual. Y cuando se trata de decidir tenemos que tener la disposición para actuar con discernimiento y con coraje para sostener nuestras elecciones.

Muchas veces, aunque logremos escucharlos, resistimos los llamados. La resistencia puede ser un síntoma de que estamos frente a algo muy importante, que estamos en el umbral de un cambio que resultará vital para el trabajo del alma.  Cuanto más fuerte es el llamado de la vocación, más energía nos consume tratar de callar esa voz, y menos energía tendremos para responder a ese llamado.

Hay que saber que si decimos que no, basándonos en la falta de tiempo como obstáculo, es sólo una excusa. Todos disponemos exactamente de 24 horas por día.

El temor puede hacernos decir que no cuando en realidad nos atemoriza nuestro propio poder. “Nuestro miedo más profundo no es que somos inadecuados”, dice Marianne Williamson, “sino que es un miedo arraigado a ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, que nos asusta”.

Los enemigos de la búsqueda vocacional son: la conformidad, la mediocridad, las bajas aspiraciones, el auto-boicot, la falsa humildad y la falta de inteligencia respecto de uno mismo. Muchas veces persistimos en el error porque es lo que nos resulta familiar, es lo que conocemos. Pero es una trampa mortal para quien quiera responder a sus deseos más profundos. Elegir lo fácil, lo cómodo, lo trivial parece más seguro. Ciertamente, lo trivial nunca hará que sangre el alma pero terminará por aniquilarla.

Lo que nos devuelve la esperanza es saber que los llamados no son frágiles. No se dan por vencidos aunque nosotros bajemos los brazos por momentos.

Las creencias erróneas sobre vocaciones

Según Gregg Levoy, mucha gente cree que hay una sola vocación en la vida pero no es cierto, puede haber muchas. Esto es un gran alivio para el que piensa  que perdió “el tren que pasa una sola vez”,  y que si lo perdió ya es tarde. A veces una vocación puede aparecer después de una crisis a los 40 o a los 50. Frente a una gran crisis aparecerán, tal vez, vocaciones desconocidas hasta ahora. Además, es posible combinar distintas vocaciones en una misma carrera.

Tampoco es cierto que una vez que descubrimos nuestra vocación nuestro camino estará sembrado solamente de rosas. Las espinas estarán, a veces bajo la forma de un sacrificio.  Es importante tener en cuenta que, aun amando lo que hacemos, habrá aspectos de nuestra vocación en la práctica que nos gustarán menos que otros. Y es así en cualquier carrera o vocación.

Otra característica de la vocación es que debe ser muy personal. No es el mandato familiar, ni lo que creemos que se espera de nosotros, ni la carrera que no nos gusta pero suponemos que nos va a hacer ganar dinero. Con la edad nos daremos cuenta de que ganar plata haciendo algo que no nos gusta puede ser una prisión insoportable para el alma que busca expresarse a través de un propósito.  Por el contrario, la idea de seguir una vocación para morirnos de hambre y soportar todo tipo de restricciones  es un lugar común que disuade a muchísimas personas y esconde una falta de visión para imaginar soluciones creativas y desafiantes.

Como señaló Joseph Campbell, debemos estar dispuestos a soltar la vida que planeamos para tener la vida que nos espera.

20 consejos para encontrar la vocación

  1. Prestar atención a las cosas que nos gustan.
  2. ¿A qué tareas volvemos una y otra vez? Son las que nos llaman siempre.
  3. Descubrir en qué somos buenos según la opinión de nuestros familiares, amigos y conocidos.
  4. Decir que sí a aquellas cosas que nos intrigan.
  5. Probar un poco el campo vocacional elegido, antes de lanzarnos de cabeza.
  6. Darnos permiso para cambiar de idea si lo primero que probamos no nos gusta.
  7. Encontrar un mentor que nos guíe basado en su propia experiencia.
  8. Saber que un camino vocacional no es una flecha con una trayectoria directa sino que se parece más bien a un zigzag.
  9. No seguir el sueño de otra persona.
  10. Combinar nuestros talentos, se pueden unir distintos llamados para crear algo nuevo. Este artículo habla sobre eso.
  11. Pensar con qué tipo de personas nos gustaría trabajar, de quiénes nos gustaría estar rodeados.
  12. Consultar con gente que ya desarrolló la vocación que queremos seguir. Nada reemplaza los consejos de los que ya hicieron un camino y tienen experiencia de vida, no ideas teóricas.
  13. Leer libros y artículos que nos puedan orientar.
  14. Recurrir a personas que nos den apoyo verdadero, desde el alma, no que nos hablen con clichés respecto de lo que tenemos que hacer o dejar de hacer.
  15. No hay que ser el mejor de todos en algo para poder elegir una vocación.
  16. Saber que las verdaderas vocaciones tiene sabor a autenticidad.
  17. Soportar la incertidumbre en el camino hacia las certezas.
  18. Tener paciencia.
  19. Ir cuidando de nosotros mismos durante el proceso, estar muy presentes.
  20. Los grandes logros en la vida empiezan con un “sí”.
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