¿Qué es la meditación y cómo se practica?

Meditar es la práctica de prestar atención. Se practica con intención para poder focalizar la conciencia. Al comenzar, focalizamos la conciencia en un objeto y finalmente en sí misma. De esta forma, logramos independizar la conciencia de nuestras percepciones, de nuestros pensamientos y sensaciones.

Meditar es la capacidad de ver las cosas como son en realidad, en vez de verlas a través del filtro de nuestras interpretaciones y reacciones.

Inicialmente, la meditación consiste en focalizar nuestra atención en un objeto en particular, como el ir y venir de nuestra respiración. Así, estrechamos el foco, limitamos los estímulos sobre nuestro sistema nervioso, y calmamos la mente durante el proceso.

La mera actitud de prestar atención ayuda a transformar todo lo que hacemos en una forma meditativa. Lo que hacemos concentrados y conscientes se vuelve meditación.
Así, el primer paso del aprendizaje de esta práctica comienza con el desarrollo de la conciencia o la atención, que es conciencia focalizada.

A medida que aprendemos a estar presentes y en calma en nuestra meditación, vamos sintiendo una profunda intimidad con todo y con todos. Al no distorsionar nuestra experiencia directa con nuestras opiniones, accedemos a la clara percepción de la verdadera naturaleza de lo que observamos. Así, descubrimos que nuestra conciencia de este momento es nuestra libertad, lo que hace de la meditación nuestro camino y nuestro fin al mismo tiempo.

¿Hay un solo tipo de meditación o hay muchas técnicas?

Hay incontables maneras, técnicas y herramientas para meditar, pero todas tienen algo en común: la conciencia del ahora y la atención de la conciencia sobre sí misma – y no sobre un objeto externo a ella -, lo que conduce a la trascendencia del ser individual.
Algunas formas de meditación

➢ Conciencia plena del momento presente (mindfulness)
➢ Seguir o contar la respiración
➢ Prestar atención al flujo de sensaciones en nuestro cuerpo
➢ Cultivo de bondad amorosa, compasión, perdón y otras emociones sanadoras
➢ Concentración en una figura o en un objeto visual simple
➢ Visualización de un lugar calmo o de una energía o entidad sanadora
➢ Lectura y reflexión sobre escritos sagrados
➢ Contemplación de la imagen de un ser sagrado, divino o santo
➢ Contemplación de la naturaleza
➢ Cantar alabanzas a la Divinidad

Más allá de la práctica o técnica que elijamos, el secreto de la meditación consiste en desarrollar, focalizar y dirigir nuestra atención. Recordemos que la atención es fundamental para realizar aún las cosas más simples de la vida, ya que nuestra experiencia es determinada fundamentalmente por nuestro estado de conciencia.

Aunque existen muchos estilos de meditación, hay dos enfoques básicos:

  • meditación con un foco específico y
  • meditación sin objeto.

La meditación sin objeto es más difícil, por eso es aconsejable comenzar a meditar con un foco específico en las siguientes categorías de objetos:

Una sensación física, como respirar
➢ Una zona física, como uno de los siete chakras o centros de energía
➢ Un proceso o acción, como comer, caminar o lavar los platos
➢ Un objeto físico externo, como la llama de una vela
➢ Un mantra (puede ser un único sonido, o frase o canto)
➢ Un pensamiento, como la idea de paz, dicha, amor o compasión
➢ La visualización de luz, vacío, de un ser iluminado o de una de las múltiples formas de las distintas deidades
Es importante experimentar con distintos focos hasta encontrar cuál nos resulta más atractivo y luego quedarnos con ese. Así,  tendremos el beneficio de usar el mismo foco en la práctica diaria.

Esta práctica, sostenida a lo largo del tiempo con regularidad, conduce eventualmente a la experiencia de unión entre el sujeto que  observa y el objeto observado. Es lo que se conoce como estado de absorción o samadhi, donde la sensación de ser un yo separado desaparece, y sólo queda la experiencia unificada del meditador con el objeto de la meditación.

Meditamos porque buscamos algo más en la vida – más paz, menos estrés. Queremos calmar la mente, tener más energía, más  bienestar, encontrar más sentido y más felicidad para nuestra vida. Hallamos todo esto en aquellos momentos de total absorción que todos alguna vez experimentamos, donde se pierde la sensación de separación. Podemos compararlo con lo que nos sucede al contemplar un atardecer o cuando creamos una obra de arte. Cuando nos sentimos maravillados frente a la naturaleza o cuando miramos a los ojos a una persona amada. Este estado en que se detiene el tiempo y no hay separación entre nosotros y lo que experimentamos, ha sido denominado por el psicólogo Csikszentmihalyi como “Flow” y por el psicólogo Abraham Maslow como “Experiencia Cumbre”. Es el estado meditativo, que nos sumerge en el gozo, nos energiza, nos refresca y nos conecta con un sentido profundo– todo ello es el resultado inevitable de la concentración ininterrumpida.

En las distintas tradiciones esta experiencia transformadora, que nos revela la realidad tal cual es y sin filtros, recibe diversos nombres: iluminación, despertar, liberación, salvación o unión, entre otros.

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