¿Cómo sé si una enseñanza vale para mí?

Por Virginia Francisco

 

Frente a tantas enseñanzas, cursos y ofertas espirituales, es natural preguntarse cómo podemos seleccionar lo que nos sirve realmente para nuestra propia iluminación interior. A veces sentimos que simplemente no resonamos con ciertas propuestas. Y seguramente, todos habremos tenido la experiencia de haber descartado un libro de enseñanzas en algún momento, y sentirnos sumamente interesados por ese mismo libro un tiempo más adelante. Lo importante es que sepamos que no todos nos conmovemos o aprendemos con las mismas cosas, y también que tenemos tiempos internos diferentes.

Pero más allá de preferencias y ritmos personales, una de las maneras de evaluar las propuestas espirituales es fijarnos en lo que propone cada camino, sin importar la forma en la que lo propone. Y para ello podemos evaluarlo a la luz de ciertos principios que son universales en la vida consciente, y luego seleccionar el camino que más nos atraiga. Todo camino hacia el despertar de la conciencia debe incluir ciertos elementos de:

  • autoobservación,
  • autodisciplina y
  • autotrascendencia

Cada tradición espiritual tiende a hacer hincapié en alguno de estos aspectos. Por ejemplo, según la tradición del budismo, existen siete factores de iluminación en toda práctica espiritual verdadera. Estas son, ni más ni menos, las cualidades naturales de la mente que el propio Buda describió como esenciales en una práctica espiritual apropiada. Por lo tanto, una mente en la que estos factores están plenamente desarrollados y equilibrados experimenta la libertad y todo camino que cultive estos factores será valedero.

Por empezar, los primeros tres factores son más pasivos, ya que no implican un esfuerzo o aplicación de la voluntad. Son estados que la mente adquiere con las condiciones propicias:

  1. La concentración o focalización de la mente. Al disminuir los estímulos externos, la mente aumenta su foco de modo gradual y natural.
  2. La tranquilidad o el silencio de la mente. Como efecto de la focalización, la mente tiende a calmarse y silenciarse.
  3. La ecuanimidad, o el desapego y equilibrio de la mente mientras se va enfrentando al cambio. Esta cualidad surge como resultado de la expansión gradual de la conciencia, que va reduciendo apegos y la agitación que estos provocan.

Los siguientes tres factores son dinámicos, ya que requieren un esfuerzo personal y una voluntad intencionada:

  1. El esfuerzo, que equivale a la voluntad de estar consciente. Sin esfuerzo y voluntad, la mente tenderá a seguir haciendo lo que siempre estuvo acostumbrada a hacer.
  2. La indagación, u observación silenciosa e imparcial de lo que está sucediendo. Una vez que la mente se libra de las identificaciones, es posible asumir un punto de vista neutral respecto de las experiencias.
  3. El éxtasis, que se manifiesta como dicha o como interés intenso en la práctica espiritual. Este interés se cultiva y fomenta con el conocimiento, las prácticas y la indagación de nuestra conciencia.

Y el séptimo factor, es la clave de la práctica:

  1. La atención consciente o plena. ¿Por qué es la atención consciente un factor clave? Porque el desarrollo de esta cualidad mental en particular trae automáticamente todos los otros factores. La atención consciente, el notar la realidad del momento presente, también tiene la función de equilibrar apropiadamente todos los otros factores.

Cuando tengamos dudas sobre la seriedad, utilidad o profundidad de una técnica de meditación o de un camino espiritual, podremos considerarlos a la luz de estos factores de iluminación. Toda práctica valiosa para el despertar espiritual podrá confirmarse en base al desarrollo de estas siete cualidades mentales. Algunas propuestas pondrán énfasis en el desarrollo de los factores más activos, mientras que otras nos ayudarán a fortalecer la concentración o la ecuanimidad con mayor preponderancia. Y luego, podremos optar por la forma de la práctica o las palabras o el estilo en que se transmite la enseñanza que más resuene con nosotros. Simplemente bastará con comprobar que esta práctica nos lleve al desarrollo de los elementos de la iluminación.

Como es de esperar, todo se reduce a la atención y al correcto uso de la mente. La atención presente es el punto de partida y el final de todo el trabajo espiritual. Así, podremos explorar un camino para ver qué cualidades de atención ayuda a desarrollar y si esa propuesta nos ayudará a equilibrar más los factores de la iluminación en nuestra experiencia. De ser así, ¡adelante!

Recordemos, sin embargo, que atraparnos en una cantidad de opiniones y comparaciones de varias prácticas puede ser un gran obstáculo hacia la liberación. La consigna es relajarnos, practicar lo aprendido y honrar a quienes nos rodean con amor.

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