El poeta y su definición del trabajo

Por María José Iribarne

 

El poeta que reavivó mi interés por saber qué significa la vocación, el que me ayudó en los momentos en que me faltaba algo esencial – aun cuando tenía un trabajo con muchos beneficios- fue David Whyte, el escritor inglés que define al trabajo como “el lugar donde nuestro ser se encuentra con el mundo”. Fui testigo por primera vez en 2003, de cómo fascinaba a todo el auditorio con sus poesías y narraciones, entrelazando los temas de la vida laboral con el propósito de vida.

Siempre me pregunté si el trabajo que hacemos en el mundo nos define como personas. Sería el caso si creemos que siempre existe una elección, aun con márgenes mínimos cuando tenemos opciones limitadas, de lo que decidimos hacer para “ganarnos la vida”. Una expresión poco feliz, en términos espirituales, si consideramos que la vida es en sí un regalo. En este caso, no hay que ganarla sino vivirla y agradecerla a través de nuestra contribución al mundo. Leí sobre el trabajo, el ocio, y cómo combinar ambos. Se piensa que solo los afortunados pueden vivir de lo que los apasiona, pero ¿realmente es así o tenemos más opciones siempre a mano de lo que somos capaces de ver? Llegué a la conclusión que, en realidad, el trabajo vive de nosotros y no nosotros del trabajo.

Los libros de David Whyte (que desafortunadamente no están traducidos al castellano) me ayudaron a transitar una segunda década de trabajo corporativo. Fueron un apoyo para reconocer que la llama interna seguía encendida y que podría eventualmente pegar el salto hacia el logro de motivaciones más profundas ya que “el trabajo es el adentro que se convierte en el afuera.”

En Consolations, the Solace, Nourishment and Underlying Meaning of Everyday Words (que se podría traducir por Consuelos, el refugio, la riqueza y el significado subyacente de las palabras que usamos todos los días), David Whyte nos brinda una síntesis de su experiencia como poeta, escritor y consultor, al concentrarse en el significado de una sola palabra cotidiana por vez.

A continuación, un resumen de lo que significa el trabajo para David Whyte, en su prosa poética:

  • El trabajo, entre todas sus abstracciones, es en realidad la intimidad, el lugar donde nuestro ser se encuentra con el mundo.
  • El trabajo es intimidad y descubrimiento, aún a través del aburrimiento, aún a través de las necesidades que nos aprisionan cuando trabajamos por otro, aún a través de los traumas que nos quedan después del rechazo y la insatisfacción, y hasta cuando nuestra recompensa es mala.
  • Si estamos insatisfechos en nuestro trabajo, se debe a que no cumplimos con la antigua y sincera necesidad humana de ser necesitados, de ser vistos, de darle algo al otro, de poder cobrar vida a través de nuestra contribución al mundo visible, mediante el encuentro de algo interesante en nuestro trabajo, algo un poco más gratificante, que nos dé un poco más de satisfacción y hasta, tal vez, un poco de intriga y misterio. Especialmente algo que queramos hacer que sea completamente nuestro, no importa si trabajamos para nosotros mismos o para otro.
  • El trabajo está plagado de dificultades y la posibilidad de un fracaso visible, al no lograr proveer, ni tener éxito, ni marcar una diferencia en el mundo, ni ser vistos y que vean que somos vistos.
  • Las ganancias, el reconocimiento, la riqueza: son bellos subproductos solo cuando son hijos de un enamoramiento con el trabajo, de un paciente cortejo, del caerse y levantarse, este aprender a vivir con el trabajo y el largo y cuidado velar por nuestra labor.
  • El trabajo es el adentro que se convierte en el afuera. Igual que un matrimonio o una relación real, las formas externas del estar juntos parecen tener vida y vitalidad solo cuando el misterio y la intimidad de la conexión se mantiene viva en lo físico aquí y en lo físico ahora; en la forma en que nuestras manos se tocan con otras o tocan nuestro trabajo.
  • Nosotros permanecemos vivos y nuestro trabajo permanece vivo, a través de la voluntad de seguir siendo aprendices de por vida, atravesando las humillaciones, y confiando en las habilidades aprendidas que luego aplicamos a los materiales y a las conversaciones que hacen que un matrimonio de todos los días y un trabajo de todos los días sean reales, especialmente en las angustias y satisfacciones de los padres mientras observan cómo esos hijos de la imaginación salen al mundo.
  • Reducir nuestros trabajos a la mera competencia en la imaginación de la sociedad, y al acto de ganarle a la competencia, es condenar a nuestras sociedades, a nuestras comunidades y a nuestras vidas individuales a una pobreza de la imaginación de la peor estirpe. En el mundo real también es un enfoque que nos aísla y que cierra las posibilidades de cooperación y de conversación que atraviesan tanto las fronteras científicas como artísticas. En el misterio del contacto real y de la verdadera creatividad, como en el abrazo del amante, no hay un otro abstracto y no hay competencia.
  • Con el trabajo adecuado, la relación adecuada con ese trabajo y el misterio de lo que se nos revela continuamente a través de nuestros emprendimientos, encontramos un hogar en el mundo que eventualmente no necesita del estrés que nos debilita, no necesita de nuestra voluntad exhausta y no necesita que nos alimentemos constantemente con enormes cantidades de energía externa para sustentarlo.

En conclusión, todo trabajo está cargado de sentido profundo y responde a nuestros propósitos tanto como a nuestras necesidades. Tendrá sus momentos de aburrimiento, de cansancio y de frustraciones pero puede ser la expresión de nuestra verdadera vocación. Porque si nosotros permanecemos vivos también lo estará nuestro trabajo.

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